La basílica del voto nacional: Estrategias de expansión y res-
tauración de la Iglesia católica globalizada. Quito:1870-1930´s
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1. Este ensayo fue posible gracias a una beca del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador (INPC), en la línea de proyectos de
investigación (2022-2023), obtenida bajo concurso nacional por su autora. Queda material adicional de este período de investigación que
será incorporado como parte de la tesis doctoral en curso para la Facultad de Artes y Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia,
sede Bogotá, denominada: “Catolicismo político en la modernidad latinoamericana. Recristianizar la ciudad: Bogotá y Quito entre 1880 y
1940”, bajo la dirección del Dr. Germán Mejía Pavony, historiador urbano. Agradecemos las observaciones generosas y pertinentes a este
artículo: al historiador cultural Carlos Espinosa Fernández de Córdova, a la periodista Susana Klinkicht y al historiador urbano Germán
Mejía.
The Basilica of the National Vow: Expansion and Restoration Stra-
tegies of the Globalized Catholic Church. Quito: 1870-1930’s.”
Alexandra Kennedy-Troya
Universidad de Cuenca (Ecuador)
Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá
Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
INPC
https://revistas.patrimoniocultural.gob.ec/ojs/index.php/INPC
INPC Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador,
03/2024-08/2024, vol. 1, nro.2, e7
Periodicidad:
semestral - continua
https://doi.org/01010101010011110
Abstract
Resumen
This essay highlights the Catholic Church´s signifcant role in the resymbolization, expansion and reconfguration
of the modern Latin American city between 1870 and the 1930´s. It unravels some of the political and religious
strategies of the globalized and romanized Catholic Church beginning in the mid-19th century, which was
accompanied by the arrival and infuence of European and local reformed religious congregations. In particular,
this phenomenon helped the State compensate for the shortage of professionals and assist the Church in its
modernization efforts and in regaining political and religious infuence in the region. The author´s analysis focuses
on Quito and the planning and construction of the monumental Basílica del Voto Nacional. It was intended as
a symbol for the Catholic nation and a center of infuence across South America and Europe, made clear by the
En este ensayo se pretende llamar la atención sobre la activa participación de la Iglesia católica en la resimbolización,
ampliación y reconfguración de la ciudad moderna latinoamericana entre 1870 y la década de 1930. Se desentrañan
ciertas estrategias políticas y religiosas de la Iglesia católica globalizada y romanizada a partir de mediados del siglo
XIX que, acompañada de la detonante presencia y acción de las reformadas congregaciones religiosas europeas
importadas y otras nacionales, servirán al Estado en particular para cubrir el défcit de profesionales y a la Iglesia en
su propia modernización y recuperación político religiosa del territorio. La autora centra su análisis en Quito y en la
materialización más visible de este fenómeno urbano-arquitectónico: la gestión y construcción de la monumental
Basílica del Voto Nacional, pretendida “faro-guía” para la nación católica y centro de irradiación para la América
del Sur y Europa vista a través del epistolario entre el escritor y político oblato Julio María Matovelle del Ecuador
y el ideólogo católico el barón Alejo de Sarachaga desde Paray le Monial en Francia con el objeto de detener la
introducción de las ideas y acciones liberales.
Palabras clave:
Basílica del Voto Nacional de Quito, historia urbana, Julio María Matovelle, Revival católico, Alejo de
Sarachaga.
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Instituto Nacional de Patrimonio Cultural 2024
Contemplo en mi querida patria a la
Iglesia como una nueva Jerusalem que…ha
descendido del cielo a la tierra como una esposa
generosamente engalanada para encanto y
gloria su Esposo…! Testigo tú, hermosísimo
templo gótico de la Basílica Nacional…
(c.1921). [Sermón de Julio María Matovelle].
Introducción: La geografía de la religión
Con el fn de abordar el fenómeno de la
participación de la Iglesia en la construcción de la
ciudad moderna, se han considerado los principios
de la geografía de la religión, brazo de la geografía
que vincula fe, espacio y tiempo. En este contexto,
la época que tratamos está íntimamente ligada
con las teologías reparativas de la expiación de
pecados cometidos por sociedades en proceso de
secularización y la necesidad de objetifcar dicha
reparación
a través de la creación de
lugares de la
memoria
(Nora, 1993) y, añadiríamos, de ocupar
territorios clave en la expansión de las ciudades.
Para ello es determinante evidenciar las
escalas con las que realizamos este tipo de relaciones
en las que las personas se asocian con una serie de
objetos o elementos que existen u ocurren en un
espacio sagrado. Pueden darse dentro, alrededor de
él, o a modo de irradiación simbólica en territorios
próximos o distantes. Pensemos en la constante
movilidad y desplazamiento en un recorrido, y
el estímulo que recibimos en la recreación de las
percepciones; esto convierte al espacio sagrado en
una producción socio-cultural de primer orden,
explica Checa Artasu, destacado estudioso del
neogótico en América Latina (Checa-Artasu, 2015,
pp.2437-2451).
En este artículo trabajamos dos escalas; la
primera, Iglesia-Estado (Nación) propuesta por el
citado investigador, con el fn de comprender las
formas cómo la iglesia renovada y re-organizada logró
gestionar la implantación de hitos monumentales como
la Basílica en estudio, y su presencia en la expansión
urbano-arquitectónica y distribución geográfca en
la ciudad, tema este último que excede los límites de
este ensayo. La segunda, la escala transnacional: la
misma Basílica de Quito resulta emblemática no solo
por su monumentalidad y materialidad sino, sobre todo,
porque expresa el sostenido vínculo entre el asesinado
- “modélico” caudillo conservador ecuatoriano-
Gabriel García Moreno (GGM, 1821-1875), el Papa Pío
IX (1792-1878) y el Vaticano, y la Iglesia francesa. Se
trata de la construcción de una
memoria transnacional
-transatlántica y desterritorializada- sostenida a lo largo
de los años, de la que hablan Carlos Espinosa y Jordi
Canal (Espinosa y Canal, 2020). Dicho relacionamiento
arrancó con la consagración del Ecuador al vigente
y resemantizado Sagrado Corazón de Jesús (SCJ), y
-argumentamos- persistió con intensidad debido a la
labor pastoral del político, religioso oblato y seguidor
de GGM, Julio María Matovelle (1852-1929), y su directo
vínculo con personajes de la Iglesia como el Papa León
XIII (1810-1903) y el ideólogo vasco conservador el barón
Alejo de Sarachaga (1871-1951), desde Paray le Monial en
Francia.
Veremos más adelante cómo la fgura que se desea
adjudicar a la Basílica como
faro-gu
í
a
de Quito-capital
hacia el Ecuador -ideal por su localización geográfca
y su defnición desde un Estado ultracatólico- resulta
sobresaliente para (con su ejemplo) irradiar la Fe a
toda Sudamérica y convertirse en una luz de esperanza
“contra los males del siglo” capaz de ser observada desde
la mismísima Europa católica.
Secularización, romanización y reformas ins-
titucionales
El proceso de secularización de los Estados
latinoamericanos arrancó a mediados del siglo XIX; hacia
1870 -tras una intensa crisis de identidad y de recursos,
tanto humanos como temporales- la Iglesia católica
ibérica de rasgos coloniales se había transformado en
una Iglesia universal dependiente de Roma. Al proceso
se lo conoce como
romanización
y resulta altamente
signifcativo descubrir cuáles fueron las estrategias que
se llevaron a cabo desde y hacia el Vaticano con el fn
de unifcar las Iglesias del mundo entonces dispersas.
Se debía exhibir un frente común ante las corrientes de
pensamiento y acción liberales y secularizantes sentidas
como amenazantes de la humanidad y de la misma
institucionalidad eclesial (Véase Espinosa y Aljovín,
2015).
correspondence between Julio María Matovelle, the most prominent religious fgure from the Oblate order in
Ecuador, and Baron Alejo de Saracharaga a well-known Catholic ideologist residing in Paray le Monial, France.
Their letters reveal their vision not just of an architectural marvel but a landmark meant to inspire Catholic fervor
and unity across continents in order to detain the introduction of Liberalism and liberal behavior.
Key words:
Basílica of the National Vow of Quito, urban history, Julio María Matovelle, Catholic Revival, Alejo de
Sarachaga.
3
La basílica del voto nacional
INPC, Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
En tiempos e intensidades distintos, buena parte
de las naciones latinoamericanas en formación se
debatieron entre adoptar la corriente liberal y terminar
por separar las potestades de la Iglesia de las del Estado;
o en su defecto, convertirse en naciones católicas
construidas con mayor o menor injerencia por parte de la
Iglesia. Sea como fuere, bajo estos escenarios inéditos, la
subsistencia de la Iglesia dependería de las aportaciones
de los feles o de los subsidios de los Estados nacionales
y las élites locales con los que tuvo que negociar
permanentemente. Los puntos de debate fueron -en
términos generales- el nombramiento de obispos, el
derecho a la propiedad frente a la desamortización de
bienes, las sanciones jurídicas y políticas y la educación.
En este intrincado y difícil proceso, a partir de mediados
del siglo, la Iglesia se alió con los conservadores y en años
siguientes con los partidos políticos del mismo cuño.
De todas formas, indiferente de la presencia de
gobiernos conservadores o liberales, esta institución
religiosa estrenó un proceso de desarrollo autónomo
seguido de una reforma interna y una evangelización
renovada, cosa que se dio entre 1870 y la década de
1930. Fue sin lugar a dudas un momento crucial del
denominado
Revival
católico. Se trató, entonces, de
modernizar sus instituciones y recursos, incrementar
sacerdotes y monjas mejorando su preparación, así como
el compromiso del laicado (Lynch, 1991, p.68), tanto de
los sectores poderosos como de los más vulnerables.
Esta última instancia se manifestó en lo que se conoce
como
catolicismo social
promovido por León XIII, cosa
que tuvo resultados importantes durante los primeros
tres decenios del siglo XX.
Bajo estas circunstancias, el engrosamiento y
“depuración” del clero en América Latina supuso la
importación desde Europa de órdenes renovadas y
ortodoxas, urbanas y docentes, tanto femeninas como
masculinas. (Ilust. 1) La diferencia con las coloniales
-además de su proveniencia- fue la
acción
frente a la
tradicional vida contemplativa; la ejecución de obras
destinadas a la benefcencia, la educación y las misiones.
En este sentido las nuevas congregaciones llenaron un
vacío que el Estado no pudo cubrir (Buriano, 2017, p. 291).
Sin embargo, a pesar de la modernización
institucional, la Iglesia siguió fuertemente anclada a la
“reafrmación dogmática de creencias antiguas” (Lynch,
1991, p.77) con las que difícilmente pudo enfrentar las
ideas utilitaristas, liberales, positivistas o masonas. A
consecuencia de ello, evidenció una actitud defensiva y
militante, posición afrmada desde el horizonte de una
Roma asediada por el gobierno piamontés y fnalmente
reducida a su mínima expresión. Pío IX (1846-1878) en su
encíclica
Quanta Cura
y el anexo
Syllabus errorum
de 1864,
visibilizan este espíritu de intolerancia que tuvo efecto
directo sobre la conducción de las iglesias nacionales
como la colombiana o la ecuatoriana cuyas feligresías
permanecían feles a la causa, no así otras como la
argentina, uruguaya o paraguaya de rápida y exitosa
secularización.
Perdidos sus propios territorios, Pío IX
revitalizó la actividad misional detenida después
de las independencias latinoamericanas. Su visita
al subcontinente sudamericano como canónigo
joven incentivaría este olvidado y estratégico brazo
de la Iglesia pastoral. Para ello vio necesario el
establecimiento de concordatos que se suscribirían
con los Estados amigos. Los primeros en hacerlo
fueron Bolivia, Guatemala y Costa Rica en 1851;
Honduras en 1861, un año más tarde lo harían
Nicaragua, Venezuela y Ecuador. Otros se sumarían
después.
Nueva “ocupación” americana: congrega-
ciones religiosas europeas
La llegada a Ecuador de congregaciones y
hermandades misioneras europeas -y un poco más
tarde la creación de unas pocas locales- no se hizo
esperar. Su presencia en las urbes que las acogieron,
sobre todo en las modernas
capitales
en pleno
crecimiento, proponemos, fue determinante en su
crecimiento y reconfguración cultural y espacial.
En esta
ocupación,
el centro de la nación irradiaría
su infuencia en los territorios circundantes y
periféricos por medio de canales culturales, asunto
que se comenzó a confgurar en el propio siglo XIX y
a comienzos del siguiente (Prieto Páez, 2022).
E
stos movimientos religiosos exógenos
“de importante infuencia en la consolidación
de un catolicismo intransigente y nacionalista”,
constituyeron
verdaderas empresas religiosas nacionales con
las cuales los clientes/feles se identifca[ron]…
[y] t[uvieron] como meta la defensa colectiva
de intereses que no se desenvuelven solo
en el seno del campo religioso, sino que lo
desbordan, impactando también el campo
político y los demás campos sociales (Beltrán,
2013, p.15)
.
Se trataba de re-construir una nación
“civilizada” y moderna. El inventar las narrativas
correspondientes, inicialmente localistas y
capitalinas, se fueron convirtiendo (o imponiendo
como) nacionales y colectivas (Suárez Mayorga, 2015,
pp. 213-228). Si el relato nacional constituía el de la
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Alexandra Kennedy-Troya
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“nación católica”, o “un orden católico en el mundo”,
no es de extrañar que pretendiera crearse “un alma
colectiva única” generada por el patriotismo. Así,
“tanto la Iglesia como los intelectuales que militaban
en flas católicas fueron los autores de una utopía
política y teológica en la cual toda acción humana
debía estar referida en última instancia a una génesis
divina” (Hidalgo Nistri, 2013, pp. 41 y 21).
Materializar la presencia: modifcaciones
urbanas sustanciales
Es indudable que solo pensarlo no era
sufciente. Tampoco era sufciente la circulación
de ideas a través de la opinión pública: la prensa
o el púlpito; había que materializarla, “aterrizar”
su
renovada
presencia en un lugar concreto. En
este aspecto, la Iglesia tenía un recorrido y una
experiencia de larga data, tanto en términos
simbólicos, como en la gestación y administración de
ciudades y territorios rurales. En alianza con las elites
-consumidoras natas de los bienes simbólicos- éstas
recibían a cambio privilegios, autoridad, prestigio y en
muchos casos riquezas. En consecuencia, los proyectos
nacionales
eclesiales debían por fuerza ser altamente
visibles, aunque la mayoría quedaron inconclusos por
falta de apoyo estatal o de feles, por causas políticas, uso
de técnicas constructivas modernas de difícil acceso o
conocimiento (Checa-Artasu, 2014, p.32).
En este contexto, no debemos olvidar que
también las celebraciones centenarias coadyuvaron a
la construcción simbólica (y patriótica) de la nación. Y
lo hicieron desde las capitales que tuvieron el encargo
de exhibir “las pruebas de linaje de la nación” usando
dispositivos que mostraran su progreso económico,
la superioridad cultural, el esplendor monumental,
su moderna infraestructura, las mejoras sanitarias y
el ornamento urbano (Tenorio-Trillo, 2012, p.79). La
Iglesia, sostenemos, no fue ajena a ello. “Su” modernidad,
proclamada a través de los principios de renovación
eclesial, fue objetifcada en los emprendimientos
arquitectónicos, urbanos, monumentos públicos, y
muchos otros gestos espacio-temporales que se llevaron
a cabo durante estas décadas. Eran modernidades o
Figura 1
Manuel Jesús Serrano (fot.), R.P. Julio María Matovelle (al centro) y otros religiosos oblatos, c.1925
Nota:
Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), Fondo Nacional de Fotografía, colección Manuel Jesús
Serrano, cod.16020, Quito
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La basílica del voto nacional
INPC, Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
formas de modernizar distintas y paralelas a las del
Estado o de los aún débiles municipios (Véase Wittman,
2021, pp.6-37).
Recapitulando, la Constitución del 1869, tras la
frma del Concordato, se enfló con los principios del
citado
Syllabus errorum
. Pavimentó el camino para que
estas nuevas congregaciones, las hermandades francesas
y los jesuitas de retorno, no solo expandiesen sus labores
apostolares, misionales, educativas y de bienestar social,
sino que, a consecuencia de ello, instalasen un destacado
equipamiento en las ciudades donde se posicionaron.
Si en Quito los grandes conventos, iglesias y
colegios coloniales se destacan por su permanencia y
dimensiones comparables con los de Perú y México, no
menos importantes -aunque poco reconocidas- fueron
aquellas construcciones y espacios verdes levantados
y dispuestos como parte de la presencia y trabajo de
estas nuevas congregaciones. Asentada en la loma
de San Juan, la Basílica del Voto Nacional dedicada
al Sagrado Corazón de Jesús, y el gran conjunto
construido alrededor -incluidos parques y plazoletas,
el panteón de presidentes, minas de abastecimiento
cercanas, etc.-, es el mejor ejemplo de estas intensas
transformaciones de la geografía de Quito y del
impacto que tuvo la nueva congregración oblata, en
particular, en la modifcación del mismísimo territorio
y expansión moderna de la urbe. Contemplemos la
representación de ciudad que nos ofrece el artista
francés Ernesto Charton desde la agreste loma de San
Juan, pocos años antes de ser ocupada por la Basílica.
(Fig.2)
Y abajo la loma urbanizada a partir de 1900
(Fig.3).
Figura 2
Ernest Charton, Vista a Quito desde San Juan, 1876-77
Nota:
Colección particular
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Alexandra Kennedy-Troya
Instituto Nacional de Patrimonio Cultural 2024
Sin embargo, su imponente presencia (Fig.4) se
explica debido a que fue concebida en un momento
crucial de la historia de la Iglesia europea en estrecha
relación con América Latina. Su implantación fue
meditada y alimentada a través de una intensa relación
epistolar de casi una década (1886-1895), entre el
creador de la orden nacional oblata – Julio María
Matovelle- y el barón Alejo o Alexis de Sarachaga
(1840-1918),
infuyente ideólogo católico de origen
vasco-ruso. Sarachaga fue director de Instituto de los
Faustos Eucarísticos del Sagrado Corazón de Jesús
en Paray le Monial, Francia, un centro eucarístico
de capital importancia en las relaciones franco-
americanas y el Vaticano.
El Sagrado Corazón de Jesús y la globaliza-
ción de la Iglesia
La relación entre ambos personajes está
justifcada por el culto al Sagrado Corazón de Jesús
(SCJ), devoción inicialmente vinculada con las altas
esferas de poder que se había generalizado desde la
década de 1860. (Ilust.5). Recordemos que Ecuador
fue consagrado al SCJ por GGM en 1873. Casi una
década más tarde, al haberse derrocado al dictador
militar Ignacio de Veintimilla (1828-1908) en 1883,
un miembro del pentavirato -el conservador Luis
Cordero- decidió continuar con las acciones de su
antecesor por pedido del citado Matovelle (1852-
1929). El Voto Nacional y su templo en honor al SCJ
constituirían una acción de gracias a la paz política tras
el derrocamiento del mandatario antedicho y el asesinato
doble: de GGM y del arzobispo José Ignacio Checa y
Barba (1829-1877). Se aprobaría, entonces, la erección
de una
lujosa basílica
en Quito cuya administración y
construcción se encargaría fnalmente -después de 8
años- a la congregación francesa de misiones del SCJ
de Issoudun (Fr.), con la cual el Estado frmó un contrato
para su fábrica.
2
A esta devoción plegaron grupos laicos
organizados alrededor del Apostolado de la Oración o
la lectura del órgano de difusión internacional de gran
circulación
El mensajero del Sagrado Corazón de Jesús
. La
consagración al
género humano
que hiciera después León
XIII en 1899 (encíclica
Annum Sacrum
) legitimó el esfuerzo
de
reparación
y
desagravio
que habían emprendido las
iglesias católicas contra la modernidad laica y liberal.
En este escenario, la
romanización
de la Iglesia y la
resemantización de los símbolos del tradicional SCJ o
el Sagrado Corazón de María (SCM), vigentes desde el
siglo XVII, no sólo supusieron la neo-globalización de
la Iglesia católica misionera europea, sino un acto de
neocolonización y nuevas dependencias de una América
Latina que le abrió las puertas y, como señalamos atrás,
2. Varias congregaciones francesas y belgas ofrecieron su
contingente para establecer una congregación dedicada a la
devoción del Sagrado Corazón; finalmente el convento de San
Quintín mandó algunos religiosos que por diversas razones no
se aclimataron al país.
Figura 3
Parque García Moreno, frente a la Basílica del Corazón de Jesús, en: Severo Gómez Jurado, García Moreno en gráficas
Nota: Quito: s.p.i.
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La basílica del voto nacional
INPC, Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
volvió a confarle espacios sociales muy sensibles como
la educación, la benefcencia social, las misiones en
lugares de alta población indígena, algunas estratégicas
en el cuidado y demarcación de las fronteras.
Parte de la estrategia fue construir exvotos
nacionales de trascendencia, lo que llamaríamos
una arquitectura votiva
reparativa
. De este modo,
el territorio donde se ubicaba el gran exvoto se
sacralizaría y revestiría de nuevos signos de identidad
nacional que se sumaban a aquellas memorias
históricas reservadas. No solo de identidad, argüiría
el presidente ecuatoriano, el progresista Luis Cordero
(1833-1912) por 1892: un templo y sus edifcaciones
aledañas suponían una ganancia para un barrio,
amén del “progreso” de “otra porción de la ciudad”,
hablando de su natal Cuenca.
Y territorialización…
La Basílica del Voto de Quito se implantaría,
además, en una “frontera en expansión”, al decir del
mexicano Tenorio-Trillo. Ya el clásico historiador
del arte, George Kubler (1912-1996), hizo referencia
a la territorialización de la Iglesia desde el punto de
vista arquitectónico en cuanto a las variantes que
el territorio impone a la forma edilicia, así como su
posicionamiento central o periférico que incide en esa
formalización y por extensión en la territorialización
de lo religioso (DaCosta Kaufmann, 2004). Para
poder ubicarla en la loma de San Juan, desde donde
se dominaba la ciudad en su conjunto, la curia
Figura 4
Localización de viviendas tradicionales en las parroquias rurales del cantón Ambato
Figura 5
Pendón del Sagrado Corazón de Jesús (det.), c.1910
Nota: Alexandra Kennedy-Troya (AKT, fot.), 2021
Nota: reserva de arte de la Basílica del Voto Nacional. AKT
(fot.), 2022
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Alexandra Kennedy-Troya
Instituto Nacional de Patrimonio Cultural 2024
metropolitana había adquirido extensos terrenos
poco urbanizados habitados por indígenas (Kingman
Garcés, 2006) y varias quintas. Su ubicación
respondía al crecimiento longitudinal hacia el norte
de la urbe, un sector en el que se irían reubicando las
familias de poder.
Para la preparación del lugar donde se asentaría
la basílica, se realizaron enormes desbanques de
tierra y se transgredió el orden de la cuadrícula
colonial; su fachada principal, al igual que la del
Sanatorio (actual Hospital Militar) cercano, se orientó
hacia los parques de la Alameda y El Ejido, donde se
proyectaba la ciudad del futuro (del Pino, 2009, p.32).
Limpio el terreno, se construyeron talleres de herrería
y carpintería
in situ
para apoyar la obra y así se inició
el proyecto con la construcción de una capilla detrás
de la basílica dedicada al Sagrado Corazón de María
(SCM, 1892-1909), coincidiendo con su consagración
por parte del episcopado ecuatoriano. Esta capilla se
convertiría luego en la cabecera de la gran basílica. El
padre lazarista Pedro Brüning participó activamente
en su decoración y en la construcción de los retablos.
3
(Fig. 6 y 7)
Como podemos observar en la cartografía
histórica quiteña (Ilust.8a-c), en el plano de Gualberto
Pérez de 1888 no aparece siquiera un terreno demarcado;
en cambio, en el de 1914 de Antonio Gil, se delimita la
imagen completa de la Basílica y la concluida capilla del
Sagrado Corazón de la Virgen. Para entonces el cuerpo
de la Basílica seguía aún en cimientos. El último plano
seleccionado, de 1931, nos revela la situación espacial de
la Basílica en un lugar quicio entre el centro histórico y la
zona de expansión. En la cartografía, el monte Panecillo
hacia el sur, será un demarcador natural entre la ciudad
pobre e industrial y la ciudad del futuro. Este, su cima,
cargada de mitos, ritos y ocupaciones varias, años más
tarde sería -y continúa- siendo administrado por la
misma comunidad oblata, alrededor del cuestionado
monumento de la Virgen de Quito que fnalmente se
construyó en la década de 1970.
Este monumento de grandes proporciones -
El templo mayor mide 100 x 34 mts. y la aguja y los
campanarios 75 y 78 mts. de alto respectivamente-
se asentará, entonces, en un lugar emblemático de
la ciudad en términos de visibilidad, imposición y
3. En Ecuador se destacan dos constructores de obra
religiosa y diseñadores de ornamentación eclesiástica: el
hermano redentorista Juan Bautista Stiehle (Dächingen,
1829-Cuenca, 1899)) quien partiendo de su trabajo en
Cuenca expandiría su labor al sur del país y del continente,
y el lazarista padre Pedro Brüning (1869-1938) quien desde
Quito lo haría hacia el norte. Ambos dedicaron su vida a
edificar y ornamentar decenas de edificios nuevos para la
Iglesia. (Cevallos, 1994; Moscoso Cordero, 2016).
Figura 6
Arq. Emilio Tarlier, Interior de la Capilla del Sagrado
Corazón de María, 1893-1909, decorada por el P. Pedro
Brünning
Figura 7
Detalle de la pintura mural, en: interior de la Capilla del
Sagrado Corazón de María, 1893-1909, decorada por el P.
Pedro Brünning
Nota: Basílica del Voto Nacional, Quito. AKT (fot.), 2023.
Nota: Basílica del Voto Nacional, Quito. AKT (fot.), 2023.
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La basílica del voto nacional
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Figura 8
8a.- Gualberto Pérez, Plano de Quito con los planos de todas sus casas, 1888, Quito; 8b. Gral. Antonio Gil, Plano de la
ciudad de Quito,1914; 8c. Plano de la ciudad de Quito, 1931.
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memoria histórica, relativa cercanía al núcleo
político administrativo en estrecha relación con
los montes circundantes: Pichincha y el citado
Panecillo (Guamán Pulgarín, 2021), y en el quicio
de expansión de la ciudad moderna.
Se trata de una
“avanzada religiosa”, como diría Martín Checa-
Artasu; una acción constructiva, de expansión, de
embellecimiento y de modernización, desde la Iglesia
con el apoyo permanente del Estado ecuatoriano.
Se impone sobre memorias pasadas. Su tamaño y
jerarquía geográfca la colocaría en tercer lugar de
preeminencia en Sudamérica después de Nuestra
Señora de Luján (Arg) (Ilust. 9) y Nuestra Señora de la
Aparecida (Br.) (Checa-Artasu, 2013, p.6).
Este territorio se irá defniendo como un
espacio controlado jurisdiccional y políticamente
por la Iglesia debido a que el lugar/los lugares serán
paulatinamente recorridos y practicados por los
propios ciudadanos (De Certeau, 2007).
Como parte
de este transitar, en 1892 -el mismo año en el que el
Congreso autorizaba la construcción de una Virgen en
la cima del Panecillo- se organizó una gran procesión
hacia el lugar. Era un gesto público estratégicamente
organizado por las élites conservadoras entonces
en crisis. Estábamos a puertas de la Revolución
Liberal de 1895. La nación católica entera estaba
personifcada: poderes eclesiásticos y civiles,
colegios, institutos, congregaciones artesanas,
representantes de las órdenes religiosas de siempre,
de los seminarios mayor y menor, el clero secular
y el Cabildo Metropolitano. En fn, la lista es larga.
Remontarían la re-bautizada por Matovelle “colina
santa” de San Juan. Se colocaría la primera piedra y
se sellaría el voto doble a los santísimos corazones
de Jesús y la Virgen. Este acto simbólico suponía la
consagración (y sacralización) del Ecuador (y del
Nota: Editorial Chimborazo.
Figura 9
Arq. Ulrico Courtois, 1890-1935, Basílica de Nuestra Señora
de Luján en construcción, prov.de Buenos Aires.
Nota:
Archivo General de la Nación, Buenos Aires, c.1915
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La basílica del voto nacional
INPC, Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
lugar en particular). “Esta primera piedra… es la
verdadera constitución de la República, sobre la cual
se afrmarán el orden y la paz en adelante”, sentenció
el citado Matovelle
4
.
Lo veremos [al templo] elevarse lentamente
de la tierra, y luego ostentar en el azul del
frmamento las góticas agujas de sus torres.
Enseguida admiraremos a la gloria del
Señor entrando majestuosa en el santuario y
llenándole con las magnifcencias inefables del
Altísimo. Veremos también brotando debajo
de los umbrales de este templo ríos de paz, de
dicha y prosperidad para este pueblo
5
.
Así concluía el discurso de su mentor. La paz
política era el centro de las rogativas. Adicionalmente,
reconocía la pobreza para hacerlo y la necesidad
del apoyo del Estado y de cuantiosas limosnas,
óbolos que, aunque insufcientes no se hicieron
esperar. Además de ello, no debemos olvidar que el
determinismo geográfco decimonónico tuvo impacto
en pensadores americanos y muchos lo relacionaron
con la moral, otros con el desarrollo de las ciencias
(Capello, 2011). “El aspecto material de la República
[del Ecuador] -decía Matovelle- era una imagen fel de
sus destinos morales” (citado en Hidalgo Nistri, 2013,
p.137). A pesar de su pequeñez territorial, argüía, era
“grande por su posición geográfca y más grande por
su fe…”
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Un año después, en 1893, bajo el mando de
Plácido Caamaño (1837-1900), el gobierno llegó a
emitir un monto de 12.000 pesos “para llevar a cima
esa fábrica”.
Estrategias de expansión del catolicismo
francés
La Iglesia trabajaba en varios frentes. Lo que
hemos visto líneas atrás se relaciona al ámbito nacional,
sin embargo, la correspondencia ininterrumpida durante
casi una década, entre Matovelle y Sarachaga nos brinda
importantes pistas sobre lo que signifcaría la Iglesia
ecuatoriana en términos de estrategia geopolítica, para
la Iglesia global, así como para su “faro de irradiación”, la
Basílica de Quito.
4. “Basílica del Voto nacional al Santísimo Corazón de Jesús
y Sagrado Corazón de María. Hechos notables.”, Quito, 10 de
julio de 1892
5. “Basílica del Voto nacional al Santísimo Corazón de Jesús,
Quito, 10 de julio de 1892.
6. “Breves apuntes de la Basílica Nacional”, Quito, c.1892.
En este contexto no deja de ser interesante la pugna en 1911
por hacer del Panecillo un cerro para mostrar la presencia
científica de la II Misión Geodésica Francesa que habría
colocado una estación de medición sobre él, o seguir con
la idea del arzobispo González Suárez de reemplazarla por
una iglesia que sobre mirara la ciudad. Ante las protestas
de la Sociedad Geográfica de Quito, González Suárez,
también arqueólogo, retiró su propuesta, destruyó los
cimientos de la nueva iglesia y prometió construir una
pirámide conmemorativa en su lugar. (Ver Capello, 2011,
pp.41-42). La Basílica aún en cimientos seguía pendiente.
Sin embargo, este freno para un nuevo hito que expresaba el
expansionismo de la Iglesia duró poco, en la década de 1970
se erigió la Virgen de Quito sobre El Panecillo. Los cerros
y lomas más próximos a Quito fueron finalmente tomados
por la misma Iglesia.
Figura 10
Le Baron Alexis de Sarachaga, fondateur du Hiéron, princi-
pios S.XX; Ilust.10b Manuel Jesús Serrano (fot.), Julio María
Matovelle, 1920
Nota:
INPC, Fondo Nacional de Fotografía, colección
Manuel Jesús Serrano, cod. 12765.