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Instituto Nacional de Patrimonio Cultural 2026
Antecedentes de la investigación
La conservación de contextos arqueológicos
frágiles ha representado un desafío constante en el
manejo técnico del patrimonio cultural, especialmente
en sitios expuestos a procesos activos de erosión,
humedad capilar y presión antrópica. En el caso
ecuatoriano, esta problemática se agudiza en zonas
con alta pluviosidad y suelos de origen volcánico,
como ocurre en el Parque Arqueológico y Ecológico
Rumipamba, ubicado en el Distrito Metropolitano
de Quito (0°12' S, 78°30' O, 2800 msnm). Desde su
apertura al público, este sitio ha sido objeto de múltiples
intervenciones arqueológicas y museográcas que, si
bien han contribuido a su puesta en valor, también han
dejado expuestas unidades estratigrácas sensibles a
la intemperie.
A partir del año 2021, los informes técnicos
del Instituto Metropolitano de Patrimonio (IMP) y las
observaciones del Instituto Nacional de Patrimonio
Cultural (INPC) alertaron sobre procesos de
disgregación supercial en muros de piedra y suelos
preparados, formación de cavidades por lavado de
nos y presencia de sales higroscópicas, todo ello
agravado por la falta de protección estructural en
varias unidades. Particularmente en la extensión norte
de la Unidad 9, se documentó un deterioro acelerado en
morteros originales, afectando la estabilidad material
y la lectura arqueológica de las estructuras.
En este contexto, se propuso una estrategia
experimental de intervención que combinara un
producto consolidante de alto desempeño —el silicato
de etilo tipo ESTEL 1200— con un insumo local como
el paleosuelo del propio sitio, previamente tamizado y
caracterizado. Esta propuesta respondió a la necesidad
de ensayar soluciones compatibles, técnicamente
retratables y ambientalmente sostenibles, capaces
de estabilizar contextos vulnerables sin alterar su
composición físico-química ni su integridad visual.
La presente investigación se inscribe, por tanto, en
una línea de trabajo aplicada que busca fortalecer los
protocolos de conservación cientíca en el ámbito
arqueológico ecuatoriano.
Justicación
La conservación de contextos arqueológicos
frágiles —como los paleosuelos expuestos en unidades
habitacionales y funerarias— requiere soluciones
técnicas que garanticen la estabilidad físicoquímica
de los materiales sin comprometer su integridad
patrimonial ni su potencial cientíco. En el caso del
Parque Arqueológico Rumipamba, los procesos de
deterioro identicados en sectores como la Unidad
9, incluyendo disgregación de capas sedimentarias,
eorescencias salinas y erosión por escorrentía supercial,
exigían la implementación de un tratamiento estructural
especializado, validado cientícamente y compatible con
las características del sitio.
En América Latina, la investigación aplicada a
la consolidación de paleosuelos arqueológicos ha sido
escasa en comparación con el desarrollo alcanzado
en la conservación de arquitectura o bienes muebles
(Muñoz Viñas, 2005). En Ecuador, el uso de productos
de alto desempeño como el silicato de etilo en contextos
arqueológicos aún se encuentra en fase exploratoria,
pese a que este tipo de consolidantes ha demostrado
ecacia en materiales silíceos y porosos bajo condiciones
climáticas adversas (Wheeler, 2005). Su aplicación en
Rumipamba —mezclado con paleosuelo local previamente
caracterizado— constituye una experiencia pionera en el
país, al vincular criterios de compatibilidad mineralógica
y mínima intervención, conforme a los principios del
ICCROM (2007) y la Carta de Venecia del ICOMOS (1964).
Además, esta investigación responde a los
lineamientos establecidos por el Instructivo técnico
para la presentación de propuestas e informes de proyectos
arqueológicos y paleontológicos (INPC, 2021), que enfatiza
la necesidad de desarrollar intervenciones sustentadas
en diagnósticos técnicos, control ambiental y uso de
materiales compatibles con el sustrato original. El uso
de paleosuelo como componente activo del mortero
responde, asimismo, a principios de sostenibilidad
y pertinencia territorial, al evitar la introducción de
agregados exógenos que alteren la lectura estratigráca o
química de los contextos arqueológicos (Caple, 2000).
En este sentido, el est udio no solo aporta una solución
técnica a un problema concreto de conservación, sino que
propone una metodología potencialmente adaptable a las
realidades patrimoniales del país, contribuyendo a una
mayor profesionalización de las prácticas de intervención
arqueológica in situ y al fortalecimiento de capacidades
institucionales.
Introducción
Los paleosuelos constituyen matrices
arqueológicas altamente sensibles en las que se concentran
evidencias signicativas de actividad humana, procesos
de formación cultural y transformaciones ambientales a
lo largo del tiempo. Su conservación representa un reto
técnico y epistemológico, especialmente cuando han
sido expuestos a la intemperie y sometidos a condiciones
críticas como humedad ascendente, disgregación
mecánica, lavado de nos y colonización biológica (Caple,
2000; Goldberg y Macphail, 2006). En contextos urbanos
como el Parque Arqueológico Rumipamba, estos procesos
se ven agravados por la presión antrópica, la escasa