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Conservación patrimonial en Quito y participación ciudadana: una relación hacia la sostenibilidad
INPC, Revista del Patrimonio Cultural del Ecuador
de conservación patrimonial en Quito, muestran un
proceso de consolidación institucional que responde no
solo a coyunturas críticas nacionales, sino también, a la
relación establecida por compromisos internacionales,
que está vigente a la fecha. Desde la declaratoria de
la UNESCO en 1978, posteriormente atravesando la
emergencia de 1987, la reforma constitucional de 2008
y la transferencia de competencias de conservación a los
GAD en 2015, hasta la reciente Ordenanza Metropolitana
081-2024 ocializada en 2024, se observa como los
mecanismos orientados a equilibrar la conservación del
patrimonio, aunados a las dinámicas urbanas, sociales
y económicas de la ciudad, han sido progresivos. Los
avances normativos han fortalecido la institucionalidad
y fomentado la importancia de la participación
ciudadana desde una fase inicial de diseño de programas
de conservación patrimonial, el reto actual se encuentra
en la articulación entre todas las entidades que tienen
rectoría y ejecutores, junto a su transformación, para
enfrentar las presiones contemporáneas del cambio
urbano, puesto que, actualmente, a pesar de los múltiples
esfuerzos, aún se reeja un abandono progresivo de la
población del Centro Histórico de Quito; tal y como lo
demuestran Naranjo et al. (2020), la población pasó
de 79.000 habitantes en 1990 a 49.384 en 2010, lo que
representa una pérdida del 37.5% en tan solo dos décadas.
Es así que las palabras de Luis Repetto son de vital
importancia, en cuanto señala que:
Es primordial entonces trabajar para la
revalorización de la memoria, vista como una
herramienta inherente al ser humano que le
permite conservar en el tiempo y para el futuro
expresiones de la identidad colectiva de duración
cíclica o efímera en algunos casos. (Repetto, 2006,
p. 2)
Por esta razón, comprender la atmósfera política
y socioeconómica que ha inuido en las políticas
públicas de patrimonio resulta fundamental para seguir
promoviendo una gestión más eciente y sostenible en
benecio del legado de las futuras generaciones.
La participación ciudadana en la conservación
del patrimonio: implicaciones democráticas y
desafíos en Quito
La comprensión de la participación ciudadana
en relación con las instituciones públicas parte del
entendimiento del espacio que ocupa dentro de los
poderes de la República del Ecuador. Al respecto,
Chuquimarca (2013, p. 50) señala que en la Constitución
“gura una segmentación de poderes públicos derivados
en: ejecutivo, legislativo, judicial, electoral, y
transparencia y control social; generando así una
novedosa conguración de división de poderes, que
clásicamente era ejecutivo, legislativo y judicial”.
En este marco, se legitima una función
especíca para la transparencia y el control social,
mediante la cual los ecuatorianos eligen a sus
representantes a través de elecciones periódicas
cada cuatro años. Dichos representantes conforman
el Consejo de Participación Ciudadana y Control
Social. Esta institucionalización de la participación
ciudadana constituye un elemento clave para
fortalecer la gobernanza democrática. En esa línea,
Maritan et al. (2023), citando a Sánchez Ferro (2019),
destacan las formas de participación ciudadana
expresadas en consultas populares, referendos
revocatorios y cabildos abiertos, mecanismos que
conguran expresiones de democracia directa. De
manera complementaria, Zuñiga (2017) enfatiza que
“lo patrimonial ya no se encuentra relegado sólo a
los expertos, sino que la comunidad también tiene
la facultad de ‘hacer patrimonio’ como una forma de
empoderamiento local” (p. 192).
Sin embargo, un modelo de participación
ciudadana que no reconozca ni asegure la
intervención de todos los actores involucrados puede
derivar en políticas públicas sesgadas. Un ejemplo
histórico se observa en el modelo democrático
de la Antigua Grecia, donde “era ejercida sólo por
los hombres libres” (Posada Pérez, 2019, p. 47).
Esta exclusión condujo a su eventual declive de los
procesos participativos debido, en gran medida, a
que no todos los intereses ciudadanos se encontraban
debidamente representados.
En el caso ecuatoriano, a partir de la
Constitución de 2008, se normó la participación
ciudadana en las instituciones estatales y públicas
a través de distintos instrumentos legales: la Ley
Orgánica de Participación Ciudadana (2010), la Ley
Orgánica del Consejo de Participación Ciudadana y
Control Social (2009), el Reglamento de Comisiones
Ciudadanas de Selección de Autoridades (2025),
el Reglamento del Proyecto de Rehabilitación de
Inmuebles Patrimoniales Privados (2012) y el Código
Orgánico de Planicación y Finanzas Públicas (2010).
Todos estos cuerpos normativos buscan garantizar
el acceso de la población a los procesos de toma de
decisiones en torno a programas o políticas públicas,
así como asegurar el uso adecuado de los recursos
estatales.
En materia de conservación patrimonial
cultural, los procesos de representación ciudadana
no solo involucran a los habitantes de Quito, sino a