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se
colocaban

justo

al

este

de

la

cocina

en

donde

la

pre-
sencia
de

cuencos

indica

que

la

bebida

se

consumía

en
este
espacio.

Las

ollas

globulares

y

corrugadas

Huapula
son
muy

parecidas

a

las

ollas

corrugadas

achuar

actua-
les,
generalmente

juntas

en

la

zona

central

del

sector

fe-
menino.
La

persistencia

de

una

forma

y

de

un

decorado
cerámico
durante

más

de

un

milenio

en

la

provincia

de
Morona
Santiago

es

un

hecho

notable,

pero

no

excep-
cional
en

la

Amazonía.

Los

datos

arqueológicos

indican
que
la

casa

Huapula

seguía

un

patrón

espacial

compara-
ble
al

de

la

casa

achuar,

es

decir,

con

una

división

del

es-
pacio
doméstico

en

dos

sectores,

masculino

y

femenino,
así
como

áreas

de

actividades

individuales

y

colectivas
(Bianchi,
1982;

Descola,

1986;

Bowser,

2004).


La

excavación

por

trincheras

y

el

decapado

de
grandes
áreas

en

los

yacimientos

del

valle

de

Upano
han
permitido

conocer

con

más

detalle

la

técnica

de
construcción
de

los

montículos

artificiales,

muchos

de
ellos
construidos

sólo

parcialmente

por

acumulación

de
materiales.
En

varios

casos,

los

habitantes

eligieron

un

sitio
en
pendiente

para

instalar

el

asentamiento

y

en

vez

de
amontonar
la

tierra,

cavaron

el

suelo

formando

un

es-
pacio
cuadrado

y

plano,

es

decir,

delimitaron

un

espacio
en
la

pendiente

natural,

cavaron

lo

alto

de

esta

y

echa-
ron
la

tierra

sobrante

abajo

para

así

levantar

las

tolas.
En
resumen,

cortaron

el

lado

más

alto

de

la

pendiente

y
colocaron
esa

tierra

en

el

lado

más

bajo

para

igualar

la
altura
y

lograr

un

suelo

plano,

haciendo

una

especie

de
relleno.
Por

lo

tanto,

estos

montículos

no

siempre

fue-
ron
resultado

de

una

construcción

completa,

sino

del
aprovechamiento
de

la

pendiente

natural

del

terreno.
En
el

Complejo

XI

de

Sangay

y

en

Kilamope,

el

decli-
ve
fue

cortado

y

modificado

para

formar

los

montículos
periféricos.
Ahorrando

energía

y

esfuerzo,

los

primeros
ocupantes
pudieron

transformar

significativamente

el
paisaje
mientras

imponían

su

orden

en

él.
Además,

las

excavaciones

a

gran

escala

arrojan
luz
sobre

las

particularidades

del

hábitat

original

de

los
montículos.
Así,

en

los

yacimientos

de

Sangay

y

Kila-
mope
se

revelaron

los

planos

de

dos

casas,

con

diferen-
Conclusión
tes
rasgos

distribuidos

en

la

planta

de

ocupación.

Estas
dos
viviendas

se

habitaron

en

épocas

diferentes:

la

casa
de
Kilamope

está

fechada

hacia

el

500-200

a.

C.

(cultura
Kilamope)
y

la

de

Sangay

hacia

el

800-1200

d.

C.

(cultu-
ra
Huapula).
La

ubicación,

el

tamaño,

las

características

y

los
restos
de

la

casa

Huapula

son

muy

comparables

a

los
de
los

asentamientos

aénts

chicham

modernos,

situa-
dos
en

el

mismo

valle

del

Upano

y

en

la

cercana

cuen-
ca
del

Pastaza

(Bianchi,

1982;

Zeidler,

1983;

Rostain,
1999a,
2006;

Bowser

2004;

Bowser

y

Patton,

2004).

Por
otra
parte,

las

vasijas

cerámicas

presentan

similitudes
estilísticas
con

la

cerámica

aénts

chicham.

Las

labores
realizadas
en

el

barro

son

similares

en

ambos

casos.

La
definición
de

espacios

interiores

precisos

para

hombres
y
mujeres,

con

uso,

sociabilidad

y

derechos

particulares,
parece
ser

un

rasgo

en

las

casas

Huapula

y

en

las

aénts
chicham.
En

efecto,

por

esta

división

por

sexos,

la

dispo-
sición
del

mobiliario

y

sus

características

delimitan

los
espacios
con

una

función

específica.
[Los]
espacios

domésticos

son

también

lugares
públicos;
la

frontera

entre

la

vida

pública,

políti-
ca,
y

la

vida

privada,

doméstica,

es

a

menudo

in-
distinguible;
las

interacciones

íntimas,

sociales

y
públicas
ocurren

en

casi

todos

los

hogares,

y

las
vidas
domésticas

y

políticas

de

las

mujeres

y

de
los
hombres

son

distintas

pero

están

insepara-
blemente
entrelazadas

(Bowser

y

Patton,

2004,

p.
179).
Las

numerosas

similitudes

de

las

casas

precolom-
binas
y

contemporáneas

(Rostain,

2006,

2011)

sugieren
que
la

sociedad

Huapula

puede

representar

la

primera
aparición
de

la

cultura

aénts

chicham

en

el

valle

del
Upano.
De

ser

así,

es

posible

envejecer

más

de

500

años
la
llegada

de

los

aénts

chicham

a

la

región.
Por

último,

esta

investigación

muestra

la

permanen-
cia
de

un

modelo

de

vivienda

a

lo

largo

de

milenios.

En
efecto,
la

planta,

la

dimensión

y

la

organización

de

la

casa
indígena
de

las

estribaciones

amazónicas

de

los

Andes

se
mantuvo
con

pocas

variaciones

durante

un

período

muy
largo
(Rostain,

2006,

2011;

Rostain

y

Saulieu,

2015b).
Las
mismas

características

se

encuentran

también

cuando