31
bordean
el

Upano

(fig.

2).

Las

pocas

excavaciones

rea-
lizadas
antes

de

1996

no

aclararon

la

función

de

estas
lomas
ni

arrojaron

datos

sobre

sus

antiguos

habitantes.
En

Ecuador,

los

arqueólogos

han

trabajado

prin-
cipalmente
en

la

Costa

y

en

la

Sierra.

Es

así

que

varias
decenas
de

programas

de

investigación

se

efectuaron

en
estas
regiones,

mientras

que

en

la

Amazonía

hubo

me-
nos
de

diez,

a

pesar

de

representar

más

de

la

mitad

de

la
superficie
del

país.
La

primera

investigación

fue

una

prospección

en
el
valle

del

Napo

realizada

por

los

norteamericanos

Cli-
fford
Evans

y

Betty

Meggers

(1968).

Luego,

a

partir

de
los
años

70,

el

investigador

ecuatoriano

Pedro

Porras
(1978,
1985,

1987)

reconoció

diferentes

puntos

de

la
Amazonía
y

dirigió

una

excavación

en

el

sitio

Sangay.

A
continuación,
vinieron

los

programas

“Sangay-Upano”,
seguidos
por

el

de

“Río

Blanco”,

que

dirigí

en

coopera-
ción
con

ecuatorianos

en

el

valle

del

Upano

de

1995

a
2003
(Rostain,

1999a

y

b,

2006,

2008,

2010,

2011,

2012a
y
b;

Salazar

2008).

Paralelamente,

en

la

misma

cuenca
pero
más

al

sur,

a

la

salida

meridional

del

pueblo

de
Sucúa,
se

desarrolló

la

investigación

doctoral

del

nor-
teamericano
Arthur

Rostoker

(2005).

La

colombiana
Andrea
María

Cuéllar

(2009)

realizó

estudios

en

el

valle
de
Quijos,

al

norte.

Finalmente,

organicé

el

programa
“Alta
Amazonía”

en

el

Alto

Pastaza

(Rostain,

2014a

y
b;
Rostain

y

Saulieu,

2013,

2015a

y

b).

Hay

que

destacar
también
las

recientes

excavaciones

efectuadas

en

el

sitio
de
Pashimbi,

cerca

de

Tena

(Solórzano-Venegas,

2021).
A

más

de

estos

programas,

bastante

importantes,
se
observa

una

serie

de

pequeños

sondeos

o

de

prospec-
ciones
arqueológicas

puntuales,

limitadas

a

diferentes
lugares
de

la

Amazonía,

y

una

multitud

de

intervencio-
nes
preventivas

sobre

todo

en

los

campos

petroleros

de
la
cuenca

del

Napo

(Cabrero,

2014).

No

obstante,

estos
trabajos
han

provisto

escasos

datos

explotables

y

muy
pocos
se

han

publicado.
Los

programas

“Sangay-Upano”

y

“Río

Blanco”
(1995-2003)
fueron

una

cooperación

franco-ecuatoriana
bajo
la

égida

del

Instituto

Nacional

de

Patrimonio

Cul-
tural
(INPC)

y

el

Instituto

Francés

de

Estudios

Andinos
(IFEA),
en

buena

parte

financiada

por

la

Subdirección
de
Arqueología

del

Ministerio

de

Relaciones

Interna-
cionales
de

Francia.

Su

problemática

era

el

estudio

de
los
montículos

artificiales

del

valle

del

Upano

y,

en

este
marco,
se

excavaron

complejos

de

tolas

de

los

sitios

San-
gay
y

Kilamope

(Rostain,

2008).
Durante

el

programa

“Sangay-Upano”,

se

excavó
sobre
todo

en

Sangay,

el

mayor

sitio

de

la

Alta

Amazo-
nía
y

se

dio

un

nuevo

enfoque

metodológico

de

terreno
en
la

Amazonía

occidental.

Por

primera

vez

se

realiza-
ron
excavaciones

por

decapado

en

áreas,

las

mismas

que
proporcionaron
datos

más

completos

que

los

pequeños
sondeos
estratigráficos

efectuados

hasta

entonces

(fig.
3),
lo

que

permitió

comprender

el

modo

de

construc-
ción
y

la

función

doméstica

de

las

tolas

consideradas
antes
ceremoniales.

Se

estableció

la

cronología

de

su
ocupación
y

se

definieron

nuevas

culturas;

se

reconoció
el
plano

de

una

estructura,

así

como

las

actividades

que
allí
se

practicaban.

El

estudio

suministró

datos

sobre

la
construcción
de

los

montículos,

la

secuencia

cultural

y
la
vida

de

sus

antiguos

ocupantes

(Rostain,

2012b).

Las
Nota.
Ubicación

de

los

sitios

arqueológicos

(punto

negro)

y

de

los

pueblos
actuales
(cuadrado

negro).

©

S.

Rostain.
Figura
2
Mapa
del

valle

del

Upano